Una Qualitat Poc Comú – Una Cualidad Poco Común

Segur que us ha passat. Quedar amb una amiga o un amic, o una coneguda o un conegut i tenir aquella sensació de tenir ganes de parlar, d’expressar, de destapar allò que ni nosaltres érem conscients que volíem destapar i es genera un flux de comunicació fàcil i fluid.

I es que sents que davant teu tens un interlocutor que t’està escoltant.

Quan arribes a casa – o inclús allà-, t’estàs preguntant com ho ha fet aquella persona per obrir-te d’aquella manera tant plàcida, tant sincera. I la recordes o la observes.

  • Et mira
  • No està tensa.
  • T’escolta atentament sense atabalar-te.
  • Sent empatia amb els teus dubtes i els teus temors.
  • T’encoratja quan t’equivoques o et quedes en blanc.
  • Comparteix amb tu allò que va més enllà de les paraules, allò que les paraules no poden descriure.

L’habilitat d’escoltar no la té tothom. De fet la majoria de persones no sabem escoltar perquè estem massa centrats en les nostres coses, en les nostres opinions i punts de vista personals, en el nostre microcosmos. Pensem: – i que diré?, que explicaré?, com em comportaré?, què respondré?…i ni tant sols ens hem parat a mirar els ulls de l’altre persona per observar-la, per veure la seva expressió, la postura del seu cos, la seva veu…allò que no expressen les paraules.

 Avui citaré un fragment de “Momo” de Michael Ende del qual en recomano la lectura. En un passatge del llibre hi trobem:

momo1

“Se podría pensar que Momo había tenido mucha suerte al haber encontrado gente tan amable, y la propia Momo lo pensaba así.

Pero también la gente se dio pronto cuenta de que había tenido mucha suerte. Necesitaban a Momo, y se preguntaban cómo habían podido pasar sin ella antes. Y cuanto más tiempo se quedaba con ellos la niña, tanto más imprescindible se hacía, tan imprescindible que todos temían que algún día pudiera marcharse.

De ahí viene que Momo tuviera muchas visitas. Casi siempre se veía a alguien sentado con ella, que le hablaba solícitamente. Y el que la necesitaba y no podía ir, la mandaba buscar. Y a quien todavía no se había dado cuenta de que la necesitaba, le decían los demás:

—¡Vete con Momo!

Estas palabras se convirtieron en una frase hecha entre la gente de las cercanías. Igual que se dice: «¡Buenasuerte!», o «¡Que aproveche!», o «¡Y qué sé yo!», se decía, en toda clase de ocasiones: «¡Vete con Momo!»

Pero, ¿por qué? ¿Es que Momo era tan increíblemente lista que tenía un buen consejo para cualquiera? ¿Encontraba siempre las palabras apropiadas cuando alguien necesitaba consuelo? ¿Sabía hacer juicios sabios y justos?

No; Momo, como cualquier otro niño, no sabía hacer nada de todo eso.

Entonces, ¿es que Momo sabía algo que ponía a la gente de buen humor? ¿Sabía cantar muy bien? ¿0 sabía tocar un instrumento? ¿0 es que —ya que vivía en una especie de circo— sabía bailar o hacer acrobacias?

No, tampoco era eso.

¿Acaso sabía magia? ¿Conocía algún encantamiento con el que se pudiera ahuyentar todas las miserias y preocupaciones? ¿Sabía leer en las líneas de la mano o predecir el futuro de cualquier otro modo?

Nada de eso.

Lo que la pequeña Momo sabía hacer como nadie era escuchar. Eso no es nada especial, dirá, quizás, algún lector; cualquiera sabe escuchar.

—Pues eso es un error. Muy pocas personas saben escuchar de verdad. Y la manera en que sabía escuchar Momo era única.

Momo sabía escuchar de tal manera que a la gente tonta se le ocurrían, de repente, ideas muy inteligentes. No porque dijera o preguntara algo que llevara a los demás a pensar esas ideas, no; simplemente estaba allí y escuchaba con toda su atención y toda simpatía. Mientras tanto miraba al otro con sus grandes ojos negros y el otro en cuestión notaba de inmediato cómo se le ocurrían pensamientos que nunca hubiera creído que estaban en él.

Sabía escuchar de tal manera que la gente perpleja o indecisa sabía muy bien, de repente, qué era lo que quería.. 0 los tímidos se sentían de súbito muy libres y valerosos. 0 los desgraciados y agobiados se volvían confiados y alegres. Y si alguien creía que su vida estaba totalmente perdida y que era insignificante y que él mismo no era más que uno entre millones, y que no importaba nada y que se podía sustituir con la misma facilidad que una maceta rota, iba y le contaba todo eso a la pequeña Momo, y le resultaba claro, de modo misterioso mientras hablaba, que tal como era sólo había uno entre todos los hombres y que, por eso, era importante a su manera, para el mundo.

¡Así sabía escuchar Momo!”

Momo sap escoltar.  I així es com s’acosta a les persones. No envaint el seu espai. Respectant la intimitat , el tempo i el ritme de l’altre. Quan actuem en un escenari l’escolta és un punt imprescindible.

  • Sense escolta no hi ha comunicació. No hi ha construcció.
  • Sense escolta podríem veure actors fent monòlegs, amb moviments estudiats repetitius i buits.  Actors “morts”.
  • Amb escolta trobem la vida pròpia d’un acte teatral…El joc, la construcció de la història, la progressió dels esdeveniments, la sensibilitat, les reaccions als estímuls, la interacció interpersonal que tant interessa a les persones.
  • Voltaire diu: “Es más conveniente ser interesante que preciso, puesto que el público perdona todo menos el aburrimiento.”

I això, només s’aconsegueix escoltant.

Avui, amb el vostre permís m’he pres la llicència d’escriure un post més llarg del que acostumo, creia convenient incloure a la Momo per explicar el que, per a mi, és escoltar. Hi ha històries que tenen aquesta màgia: la d’il·lustrar els nostres pensaments.

Una Cualidad poco común

Seguro que os ha pasado alguna vez. Quedar con una amiga o un amigo, o una conocida o un conocido y tener esa sensación de tener ganas de hablar, de expresar, de destapar lo que ni nosotros éramos conscientes de que queríamos destapar y se genera un flujo de comunicación fácil y fluido.

 

Y es que sientes que ante ti tienes un interlocutor que te escuchando.

Cuando llegas a casa – o incluso allí mismo -, te estás preguntando como lo ha hecho esa persona para abrirte de aquella manera tanplácida, tan sincera. Y la recuerdas o la observas.

  • Te mira.
  • No está tensa.
  • Te escucha atentamente sin agobiarte.
  • Siente empatía con tus dudas y tus temores.
  • Te alienta cuando te equivocas o te quedas en blanco.
  • Comparte contigo lo que va más allá de las palabras, lo que las palabras no pueden describir.

escuchar

La habilidad de escuchar no la tiene todo el mundo. De hecho la mayoría de las personas no sabemos escuchar porque estamos demasiado centrados en nuestras cosas, en nuestras opiniones y puntos de vista personales, en nuestro microcosmos. Pensamos: – y que diré?, Que explicaré?, Como me comportaré?, qué responderé? … Y ni siquiera nos hemos parado a mirar a los ojos a la otra persona para observarla, para ver su expresión, la postura de su cuerpo, su voz … lo que no expresan las palabras.

Hoy citaré un fragmento de “Momo” de Michael Ende del cual recomiendo la lectura. En un pasaje del libro encontramos:

 “Se podría pensar que Momo había tenido mucha suerte al haber encontrado gente tan amable, y la propia Momo lo pensaba así. Pero también la gente se dio pronto cuenta de que había tenido mucha suerte. Necesitaban a Momo, y se preguntaban cómo habían podido pasar sin ella antes. Y cuanto más tiempo se quedaba con ellos la niña, tanto más imprescindible se hacía, tan imprescindible que todos temían que algún día pudiera marcharse.

De ahí viene que Momo tuviera muchas visitas. Casi siempre se veía a alguien sentado con ella, que le hablaba solícitamente. Y el que la necesitaba y no podía ir, la mandaba buscar. Y a quien todavía no se había dado cuenta de que la necesitaba, le decían los demás:

—¡Vete con Momo!

Estas palabras se convirtieron en una frase hecha entre la gente de las cercanías. Igual que se dice: «¡Buenasuerte!», o «¡Que aproveche!», o «¡Y qué sé yo!», se decía, en toda clase de ocasiones: «¡Vete con Momo!»

Pero, ¿por qué? ¿Es que Momo era tan increíblemente lista que tenía un buen consejo para cualquiera? ¿Encontraba siempre las palabras apropiadas cuando alguien necesitaba consuelo? ¿Sabía hacer juicios sabios y justos?

No; Momo, como cualquier otro niño, no sabía hacer nada de todo eso.

Entonces, ¿es que Momo sabía algo que ponía a la gente de buen humor? ¿Sabía cantar muy bien? ¿0 sabía tocar un instrumento? ¿0 es que —ya que vivía en una especie de circo— sabía bailar o hacer acrobacias?

No, tampoco era eso.

¿Acaso sabía magia? ¿Conocía algún encantamiento con el que se pudiera ahuyentar todas las miserias y preocupaciones? ¿Sabía leer en las líneas de la mano o predecir el futuro de cualquier otro modo?

Nada de eso.

Lo que la pequeña Momo sabía hacer como nadie era escuchar. Eso no es nada especial, dirá, quizás, algún lector; cualquiera sabe escuchar.

—Pues eso es un error. Muy pocas personas saben escuchar de verdad. Y la manera en que sabía escuchar Momo era única.

Momo sabía escuchar de tal manera que a la gente tonta se le ocurrían, de repente, ideas muy inteligentes. No porque dijera o preguntara algo que llevara a los demás a pensar esas ideas, no; simplemente estaba allí y escuchaba con toda su atención y toda simpatía. Mientras tanto miraba al otro con sus grandes ojos negros y el otro en cuestión notaba de inmediato cómo se le ocurrían pensamientos que nunca hubiera creído que estaban en él.

Sabía escuchar de tal manera que la gente perpleja o indecisa sabía muy bien, de repente, qué era lo que quería.. 0 los tímidos se sentían de súbito muy libres y valerosos. 0 los desgraciados y agobiados se volvían confiados y alegres. Y si alguien creía que su vida estaba totalmente perdida y que era insignificante y que él mismo no era más que uno entre millones, y que no importaba nada y que se podía sustituir con la misma facilidad que una maceta rota, iba y le contaba todo eso a la pequeña Momo, y le resultaba claro, de modo misterioso mientras hablaba, que tal como era sólo había uno entre todos los hombres y que, por eso, era importante a su manera, para el mundo.

¡Así sabía escuchar Momo!”

Momo sabe escuchar. Y así es como se acerca a las personas. No invadiendo su espacio. Sino respetando la intimidad, el tempo y el ritmo del otro.

Cuando actuamos en un escenario la escucha es un punto imprescindible.

  • Sin escucha no hay comunicación. No hay construcción.
  • Sin escucha podríamos ver actores haciendo monólogos, con movimientos estudiados repetitivos y vacíos. Actores “muertos”.
  • Con escucha encontramos la vida propia de un acto teatral … El juego, la construcción de la historia, la progresión de los acontecimientos, la sensibilidad, las reacciones a los estímulos, la interacción interpersonal que tanto interesa a las personas.
  • Voltaire dice: “Es más conveniente ser interesante que preciso, puesto que el público perdona todo menos el aburrimiento.”
  • Y eso, sólo se consigue escuchando.

Hoy, con tu permiso me he tomado la licencia de escribir un post más largo, creía conveniente incluir a Momo para explicar lo que, para mí, es escuchar. Hay historias que tienen esa magia, como ya he dicho otras veces, que es la de ilustrar nuestros pensamientos.

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2 pensamientos en “Una Qualitat Poc Comú – Una Cualidad Poco Común

  1. Pingback: Disfrutar Comunicant – Disfrutar Comunicando | Emma Dalmases

  2. Pingback: Improvisar al dia a dia. Improvisar día a día. | Emma Dalmases

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